Sus hijos viven en el mundo de la velocidad, de las satisfacciones inmediatas, de la estética del“videoclip”. Hay que ayudarles a contemplar, a disfrutar de los valores estéticos y sensoriales: la luna, el silencio, la oscuridad, la música, la poesía… los cuales configuran también una sensibilidad hacia el entorno y las personas.
Detalles que parecen poco importantes, como el hecho de comer tranquilamente, disfrutando de la comida, o detenerse unos instantes a contemplar una puesta de sol, ayudan a desarrollar los sentidos y la paciencia.
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