Los valores realmente asumidos impregnan todos los comportamientos, lo que favorece una conducta coherente y sin contradicciones. Por tanto, si transmite mensajes verbales valorando como no deseables determinadas conductas y después se comporta de manera poco consecuente, sus hijos tendrán más dificultades para asumir criterios firmes sobre lo que está bien y lo que está mal.
Sin embargo, nadie es perfecto y es fácil manifestar en sus comportamientos pequeñas contradicciones. No puede ocultar a sus hijos las dificultades y esfuerzos que a veces comporta el hecho de ser coherente, de manera que con sinceridad, pero también con firmeza, muéstrese como una persona auténtica que intenta ser fiel a sus principios.
|