Los preadolescentes son lo suficientemente mayores como para tener ideas propias sobre el bien y el mal, y para tomar decisiones basadas en los principios que ellos consideran importantes. Un sistema de principios y valores fuertes puede ayudarles a tomar decisiones basadas en criterios propios en la presión por parte de los compañeros.
La ética ha de estar siempre presente y explícita, así como la “mirada hacia adentro” para ayudar a sus hijos a conocerse mejor y a encontrar el sentido a sus acciones. No basta sólo con “vivir” los valores, sino que también es preciso “verbalizarlos”.
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