Es tan difícil decidirse”. “No puedo decidirme”. Estas son frases que oímos con cierta frecuencia. Probablemente se piensa que es fácil tomar una decisión simple, como elegir la ropa que me pondré hoy, qué hacer este fin de semana o qué comprar en el mercado. Sin embargo, el asunto se complica cuando hay que realizar una elección cuyo resultado puede tener consecuencias serias. Sea cual fuere el caso, resulta vital tener la habilidad para decidir de forma inteligente, sin vacilaciones ni aplazamientos.
Sus hijos e hijas también han de tomar decisiones todos los días; algunas son poco relevantes (¿qué voy a merendar hoy?), pero ante otras más significativas se pueden mostrar indecisos o desorientados (dos amigos le han invitado a pasar el fin de semana con cada uno de ellos; los dos planes son atractivos y, además, no quieren disgustar a ninguno).
Para tomar decisiones es preciso ver y clasificar las opciones, considerar las ventajas e inconvenientes, elegir y actuar en consecuencia. Ahora bien, hasta la persona más competente en esta habilidad puede, ocasionalmente, equivocarse al elegir. Los padres pueden ayudar en este proceso de aprender a tomar decisiones porque, como habilidad social que es, también se puede mejorar con la práctica.
¿Cómo ayudar, entonces, a tomar decisiones?. Es importante que ustedes acompañen a sus hijos en este aprendizaje sin sustituirles, y respetando la decisión tomada, a fin de que puedan experimentar las consecuencias de lo decidido. Comenzarán por decisiones sencillas, para ir incorporando poco a poco otras situaciones más complejas. No esperen que cuando sus hijos lleguen a ser “mayores” tomen decisiones adecuadas si no han ido incorporando paulatinamente esta habilidad a su repertorio de comportamiento y relación. Existe un método básico para tomar decisiones:
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