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Logo Casa Abierta Final-01Al concluir el año 2014, vemos con pesar que en el tema de las drogas en la República Dominicana seguiremos caminando en sentido contrario a lo que está ocurriendo en el mundo. Una política absurda e inhumana continuará enseñoreándose en nuestra sociedad, sin que parezca que esta noche oscura vaya a terminar. Un año más que termina sin que en nuestro país se muestre una real voluntad política de asumir seriamente el problema de las drogas.

Nuestro país parece condenado a continuar una política de los años 50, que solo genera muchos resultados negativos, como son el creciente aumento del consumo de sustancias, legales e ilegales, los índices de violencias asociados, la corrupción, tribunales saturados, y con mucha “materia” para la corrupción. Pero, lo que es peor aún, cárceles llena de personas jóvenes inocentes tratados como delincuentes, o pequeños distribuidores, a quienes se envía a hacer postgrados en delincuencias en cárceles dignas del infierno de Dante.

Se defiende el adefesio de una mal llamada política de “tolerancia cero” (que en realidad es una intolerancia selectiva), regodeándose en tener una ley muy dura (la inoperante y esperpéntica ley 50 -88), que tiene en la represión y la estrategia del miedo sus recursos privilegiados. Se recurre a demonizar las sustancias, a crear pánico en la población, mientras nuestra sociedad sufre las consecuencias de este cruel ejercicio de irresponsabilidad.

Recientemente el Dr. Fidias Aristy, presidente del Consejo Nacional de Drogas declaró: “…el Estado debe tener políticas públicas relativas a la prevención y tratamiento de los consumidores de sustancias”. Afirmó que “si el consumo de drogas es un problema de salud, entonces debe ser asumido con sus consecuencias “, a la vez que mostró la indigencia estatal en el tema, pues de las 92 propuestas de atención a usuarios de drogas del país, solo es estatal una modesta unidad de consulta externa. Evidentemente cambiar esta realidad no está en el nivel de decisión del presidente del Consejo Nacional de Drogas.

Esta es la triste realidad dominicana, mientras el mundo hoy vive un rico debate que se orienta a dejar atrás estos modelos ultraconservadores, ya fracasados, a la vez que surgen nuevos modelos basados en la salud, que priorizan las estrategias preventivas, fomentan los programas de atención basados en evidencias, y promueven humanas estrategias de reducción de riesgos y daños.

A nuestro alrededor son ya varios los países que han asumido que las políticas ultraprohibicionistas son peores que las drogas a las que dicen combatir: Uruguay, Brasil, Colombia, Argentina, 21 estados de los Estados Unidos (Washington y Colorado han dado un paso más), Canadá, han descriminalizado el consumo, mientras que en otros, como México, Argentina, Guatemala, han iniciado el debate. En Chile el ex presidente Lago ha llamado a debatir la legalización de las drogas. Desde la OEA, su secretario general ha instado a “los países del continente a descriminalizar el uso de drogas y a crear políticas públicas que traten a las personas adictas como “enfermos” y no como “cómplices del narcotráfico”. La ONU plantea que “La ‘despenalización’ del consumo de drogas puede ser una forma eficaz de ‘descongestionar’ las cárceles, redistribuir recursos para asignarlos al tratamiento y facilitar la rehabilitación”. En Europa en general, es un tema del pasado.

Es que se ha demostrado ya que las políticas que son exitosas son las que diferencian claramente al usuario, enfermo o no, del traficante. Son políticas que se centran en las personas, en la salud, en el respeto a los derechos. Políticas que promueven las habilidades para la vida, la educación para la salud, la inserción social, el empoderamiento de las comunidades, en clara diferenciación con políticas centradas en las sustancias, la represión y el miedo. Pero en la República Dominicana hay una ceguera y una sordera irresponsable, ante estos debates. Nuestros gobernantes y el llamado “liderazgo político” parecen insensibles a estas realidades, mientras alardean de sus miradas obtusas, que son las que mantienen a nuestro país anclado en el pasado en materia de drogas, con todas las consecuencias que de ello se deriva.

Para el año 2015 en el presupuesto nacional se ha ignorado el tema de las drogas, a pesar de que mediáticamente se sitúa como importante para el país. Esta nueva muestra de indolencia evidencia que el Estado Dominicano no hará más que reiterar su equivocada “política” contra las drogas. En el 2015, continuaremos siendo una de las naciones más atrasadas del Continente Americano, con los terribles daños que esto está causando a nuestra sociedad.

El próximo año, será un año difícil por las limitaciones financieras cada vez mayores. Pero en ese año y siempre, desde Casa Abierta, reiteramos nuestro compromiso de acompañar a la sociedad dominicana, desarrollando las más actuales estrategias preventivas, y ofreciendo servicios de atención y acompañamiento respetuoso y profesional. Renovamos también nuestra innegociable disposición a continuar insistiendo para que nuestro país se sitúe en el concierto de las naciones del mundo que han renegado de políticas de drogas absurdas, corruptas, violentas…, para avanzar hacia modelos y estrategias más humanas, eficaces e inclusivas.

Juan Raddamés de la Rosa Hidalgo.
Psicólogo.
Director Ejecutivo.
9 de diciembre de 2014


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