Educar para vivir, educar para convivir.

Desde San Pedro Sula, en Honduras

La semana pasada sonó el teléfono y del otro lado de la línea escuchamos la voz de David Zelaya, técnico de Glasswing – Honduras, una organización internacional que busca abordar las raíces de la pobreza y la violencia a través de la educación, la salud y el desarrollo comunitario. Hace 10 meses, en mayo de 2017, estuvimos trabajando con él y su equipo en San Pedro Sula. Durante dos días realizamos un taller de Habilidades para la Vida enfocado en prevención de consumo de drogas con personas jóvenes, apoyándonos en nuestro programa Retomemos.

David quería contarnos cómo había sido el proceso desde entonces: “Cuando se terminó el taller quedamos fríos. Estábamos con temor, teníamos dudas si esta metodología era aplicable en Honduras, con nuestros jóvenes. Era algo nuevo para nosotros y dudábamos”. En efecto, para el grupo asistente al taller resultó novedosa la propuesta que no se basada en transmitir información sobre drogas e indicaciones de qué hacer ante ella. Con el enfoque de habilidades para la vida el objetivo era fortalecer en la gente joven su capacidad para tomar decisiones, poniendo en juego conocimientos, sentimientos, actitudes y valores.

Desde el frío hacia la calidez

“En las primeras sesiones nos costaba a nosotros y a los chicos, nos sentíamos incómodos. Pero hicimos las sesiones tal y como lo habíamos planeado al finalizar el taller. Entonces, con la práctica, empezamos a sentirnos mejor; recordamos que en el taller habíamos hablado de que se trataba de una propuesta flexible, en donde cada uno podía ponerle su toque propio”.

Lo que vino después del frío inicial fue la calidez de unos talleres en donde todas las personas podían hablar, escuchar, jugar, compartir, escribir y reflexionar. Cuenta David que: “Los chicos empezaron a presionar a los facilitadores: ¿Cuándo tenemos de nuevo Retomemos? ¿Se puede hacer hoy? Además, empezaron a sugerir cómo desarrollar las sesiones, sumando su toque propio. Eso fue muy bueno y nos dio alegría ver que el grupo de jóvenes estaba proponiendo. Si sentían confianza, participaban más”.

Desde la práctica

Sorprendido por la fuerza que iba tomando el proceso con base en la utilización de la propuesta que encarna Retomemos, David empezó a conversar con ellos para saber qué valoraban: “Lo que más les gusta a los jóvenes es que en los talleres no hablan sólo de drogas, meten otros temas que les interesan como autoconocimiento, manejo de problemas y conflictos. Además, los videos de Retomemos los recuerdan, hablan de ellos y ven en sus historias la oportunidad de saber más sobre habilidades. Yo creo que el hecho de no decirle “no”, ayuda a que el joven se enganche”.

En 10 meses, el equipo de Glasswing ha desarrollado su propio “saber hacer” sobre cómo empoderar a la gente joven frente a las drogas, tan presentes en sus entornos. Lo ha hecho de la mano de sus propios grupos juveniles, participando activamente. Aseguran haber superado ya las metas que se habían puesto.

Desde la teoría

Precisamente el día que David llamó para compartir los desarrollos del trabajo en Honduras, habíamos estado escuchando al neurocientífico argentino Facundo Manes, en su conferencia “Conocer el cerebro para vivir mejor”, que es parte del proyecto ‘Aprendemos Juntos’: “El cerebro humano aprende básicamente cuando algo nos motiva, nos inspira y nos parece un ejemplo… El juego permite un impacto en lo simbólico, en lo lingüístico, en la flexibilidad cognitiva, en la empatía, en la emoción…Cuando una persona debate, se involucra, aprende mejor”. Parecía que estuviera hablando de lo vivido en Honduras, en donde abrieron espacio al juego y a la emoción, facilitando la participación y el aprendizaje.

Hacia la reinvención

“Por eso hay que reinventar al docente”, agrega Facundo Manes: “Hoy el rol no es transmitir información. Mi hijo de 11 años tiene acceso a más información que el presidente de los Estados Unidos cuando ordenó ir a la Luna. El rol del docente es ver qué hacemos con esa información que ya está, cómo generamos nueva información, cómo se trabaja en equipo, porque hoy sabemos que la creación del conocimiento es colectiva. La atención es un recurso limitado y más que preguntarnos por qué los chicos no tienen atención podemos preguntarnos por qué los docentes no atraen la atención de los chicos”. De nuevo se tejían las prácticas de un lado con las palabras venidas de otro lugar.

Un buen día para aprender y celebrar

En un mismo día tuvimos la oportunidad de acceder a esta lección práctica y teórica sobre cómo aprendemos las personas y, en nuestro caso, cómo podemos hacerlo con la gente joven para empoderarla y empoderarnos frente a los desafíos de la vida. De paso sea esta la oportunidad para felicitar a Glasswing Internacional por el reconocimiento que el BID  le realizó en enero de este año, por la calidad de su trabajo y aporte a la transformación social. No hay duda de que resulta más que merecido. Un gusto construir de la mano de esta organización.


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