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“Debate sobre la democracia en el parque”, fotografía creada por Chapgpt con IA

Cuando escuchamos los planteamientos del politólogo y filósofo, Juan Carlos Mantilla, miembro de la Asociación para las capacidades y el desarrollo humano fundada por Amartya Sen y Martha Nussbaum, lo invitamos a nuestra Escuela. Cada vez más nos interesa fortalecer el uso de las habilidades para la vida (HpV) en el ejercicio de la ciudadanía. La invitación fue aceptada y lo tuvimos como conferencista en CON OTROS OJOS – Universidad, curso en línea que se realizó entre febrero y marzo de 2026 para estudiantes de primer año de universidades públicas catalanas.

Sus aportes se concentraron en la democracia, una forma de gobierno que día a día pierde credibilidad y confianza. Según el último informe mundial de desarrollo humano 7 de cada 10 personas en el mundo sienten que no tienen ninguna incidencia en sus instituciones públicas y políticas; y 5 de cada 10 sienten que no tienen ninguna incidencia sobre su propia vida, responsabilizando a la democracia de este panorama. Reflexionando sobre estos datos iniciamos la conversación con Mantilla: ¿Tiene sentido establecer puentes entre las HpV y la democracia? ¿Sirven las HpV para una ciudadanía activa y democrática? Fueron muchos los aportes, de los que destacamos 4 que resultaron esenciales.

Satisfechas e insatisfechas

La conversación inició colocando sobre la mesa el planteamiento de “hacer acuerdos sobre mínimos” de Hugo Tristram Engelhardt. En ellos, las personas se ponen de acuerdo en un punto intermedio que adopta parcialmente algo de cada una de las partes, quedando parcialmente satisfechas, pero también parcialmente insatisfechas.  Varios ejemplos muestran de qué se trata: en el caso del toreo se pasa de la prohibición al acuerdo mínimo de no matar el animal; en el aborto, se pasa de la prohibición al acuerdo de permitirlo hasta una fecha determinada; en los impuestos a las herencias, un acuerdo mínimo sería cobrar un 30% y no el 60% que se cobra en algunos países o el 0% que se reclama.

“Esos acuerdos podrían ser una manera de convivir en paz en medio de la diferencia en sociedades cada vez más polarizadas donde se ha venido dividiendo y degradando su convivencia”, anota Juan Carlos Mantilla.

En su planteamiento se define uno de los mayores desafíos de la democracia y la convivencia: dejar de lado la imposición para entrar en el campo de la negociación, renunciando a la violencia y la exclusión, mostrando empatía, asertividad, creatividad, crítica y gestión de conflictos, por mencionar algunas de las HpV. Este camino, que propone dejar de lado la pretensión de “tener razón” para aprender a “razonar juntos”, resulta cada vez más urgente y necesario para sociedades tan plurales y polarizadas como las actuales.

Mayorías y minorías, ¿quién manda?

¿Será democracia, pregunta Mantilla, cuando en un salón de clase el 60% del estudiantado está de acuerdo con la pena de muerte para un profesor que llega tarde? Desde este ejemplo imaginario se fue profundizando en una de las ideas más arraigadas sobre la democracia, según la cual las mayorías mandan. Mantilla matiza esta “regla de las mayorías” y señala que cualquier decisión que se tome también debe tener en cuenta los derechos y libertades de las minorías.

De nuevo, destrezas psicosociales como el pensamiento crítico, la gestión de emociones y la toma de decisiones, la escucha y expresión, adquieren relevancia.

La ilusión del pensamiento propio

¿Cómo es el mundo, de qué manera funciona, qué es lo cierto y qué es lo falso? Estas son algunas de las preguntas que hoy encuentran respuesta en las redes sociales, los influencers, los videos rápidos de tiktok y la Inteligencia Artificial. Nos hacemos la imagen del mundo asomándonos a esas “ventanas” especializadas en complacernos, que trabajan con algoritmos que seleccionan para cada persona los contenidos que quiere escuchar, reforzando sus posiciones. Como señalan muchas personas jóvenes respecto a sus diálogos con la IA, no juzga ni lleva la contraria, sus respuestas son empáticas e inmediatas.  Estas respuestas a medida nos venden la ilusión de tener un pensamiento propio.

Comprender cómo funciona el mundo digital, poner en duda lo que muestran y lo que no, saber que tener muchos “likes” no es sinónimo de información verdadera, son ejemplos sobre cómo pensar críticamente. Cuestionar y no sólo consumir puede ayudar al fortalecimiento de la democracia porque dota a la vida cotidiana de espacios para hacer una pausa y razonar, colectiva e individualmente, evitando “obediencias ciegas” que impiden la autonomía y el libre pensamiento.

En el campo de la política, saber que las redes son hoy una voz potente y que interviene con fuerza en nuestras decisiones, nos ayudará a debilitar las “pasiones” que se levantan, por ejemplo, en cada elección y a considerar otras fuentes de información, otros argumentos y orillas para el análisis.

Con disposición a…

En el último momento de su ponencia, Mantilla hace referencia a la promoción de la conversación, entendida como esa disposición mental y ética a escuchar y a interactuar con las personas que piensan diferente “con una actitud de humildad intelectual en la que uno no crea que tiene la verdad absoluta y crea que puede aprender de los demás. Eso se promueve con el trabajo en equipo, con la interacción humana. Si uno pasa dos o tres horas con otras personas compartiendo actividades reales en la vida real, es más posible que entienda que puede aprender de los demás y no pasando todo el día encerrado en su pantalla. Se puede promover y no es tan difícil. Esa es la actitud de la soberanía democrática que puede ser lo que salve a la democracia”.

Con belleza

Cómo lo escribe Irene Vallejo, “la democracia es una invención polifónica y extravagante…Este estrafalario sistema de organización intenta trenzar una convivencia apoyada no en la fuerza, sino en una delicada urdimbre de acuerdos y en un diálogo incesante… Y tal vez por eso, allí donde estalla el estruendo bélico, la guerra es confusión, y la paz conversaciones”.

Una forma de vida llena de voces que tejen acuerdos, que utilizan la conversación como estrategia, precisamente la misma que promovemos para aprender y enseñar habilidades para la vida y a la que hemos llamado “La Fiesta de la Conversación”, una mezcla de encanto para comunicar, de confianza en el punto de vista distinto al propio y de investigación para hacer preguntas y poner en duda prejuicios. Así, aprendiendo a tener tiempo para escuchar y conversar, para mezclar relatos y saberes y para inventar nuevos acuerdos y comportamientos, es como podemos aportar a la democracia, ese estilo de gobierno imperfecto y deseable, capaz de enseñarnos a convivir sin violencia.

 

 

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