Educar para vivir, educar para convivir.
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Corría 1991 cuando publicamos la primera edición del folleto para jóvenes Si bebes en exceso, te la juegas, la primera herramienta de estas características creada en nuestro país. 25 años más tarde, encontramos un cierto interés por lo que, ya entonces, reclamaba la atención de quienes trabajábamos en el ámbito de las drogodependencias. Por nuestra parte, para actuar ante este fenómeno a lo largo de este cuarto de siglo hemos promovido la utilización de programas educativos como ¡Órdago!, Retomemos… una propuesta para tomar en serio y Unplugged. ¿Qué podíamos decir en una comparecencia monográfica en la que se nos invitaba a compartir nuestras propuestas el pasado día 20? En síntesis, lo que sigue.

Si queremos actuar con eficacia ante el abuso adolescente de alcohol es preciso identificar qué espacios y dinámicas de socialización fracasan para que se produzca, y, a partir de ese conocimiento, explorar fórmulas que lo hagan menos probable. Necesitaremos impulsar una política global que integre cambios socioculturales orientados a deconstruir la imagen positiva del alcohol y actuaciones educativas que fomenten la autonomía personal en la toma de decisiones. A modo de decálogo:

  1. Pensar en las personas antes que en la sustancia, y hacerlo con una mirada en positivo de la adolescencia, que nos permita acompañarles en su desarrollo personal.
  2. Conocer las diversas dimensiones del fenómeno para, más allá de los datos sobre consumos, comprender su sentido en la socialización adolescente.
  3. Promover la participación juvenil en el diseño y desarrollo de actuaciones, evitando así que se vean como “población diana” de iniciativas ajenas.
  4. Fomentar la autonomía personal educando en habilidades para la vida, incorporando en su itinerario educativo propuestas preventivas basadas en la evidencia.
  5. Apoyar a las familias como espacio educativo para dotarlas de competencias adecuadas en clave de “parentalidad positiva”: desarrollo emocional, establecimiento de límites…
  6. Cuestionar la cultura del alcohol, fomentando un cambio cultural que contribuya a reducir su interés para chicas y chicos. Una actuación que chocará con los intereses de la industria.
  7. Reducir las influencias sociales favorecedoras, eliminando la publicidad, así como el patrocinio de eventos deportivos, culturales, etc. que confieren un halo de naturalidad a la omnipresencia del alcohol.
  8. Facilitar un tratamiento mediático equilibrado, promoviendo un compromiso de los medios que evite incurrir en planteamientos sensacionalistas rayanos en el morbo.
  9. Actuar con contundencia contra quienes vendan alcohol a menores, a partir de la evidencia de que no hay persona, tenga la edad que tenga, que si se lo propone no consiga la dosis deseada.
  10. Compartir estrategias de gestión de riesgos, útiles para disponer de información que permita reducir consumos de riesgo y actuar en situaciones de pérdida de control.

¿Irá por fin en serio la puesta en marcha de una política pública coherente en torno al abuso adolescente de alcohol o quedará una vez más en agua de borrajas? Lo veremos en los próximos meses. Por el momento nos mostramos moderadamente optimistas.


0 Comentarios | "Comparecencia en la Ponencia “Menores sin alcohol” de la Comisión Mixta Congreso-Senado para el Estudio del Problema de las Drogas"

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