Educar para vivir, educar para convivir.
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Cada vez que ponemos en juego las 10 habilidades para la vida (hpv) se nos abre un conjunto de invitaciones que resultan especiales porque amplían nuestra capacidad humana. Aquí, dos de ellas:

Escuchar

La primera de estas invitaciones: ESCUCHAR, así en mayúsculas, usando conscientemente nuestro par de orejas, que implica en simultánea dejar en pausa la lengua un buen rato para no cortar el impulso que trae el río de la expresión de la otra persona. En las diferentes formaciones que facilitamos, presencial y virtualmente, trabajamos en ello, porque, generalmente, a la hora de comunicarnos tenemos más horas de entrenamiento hablando que escuchando, y es muy grande la tentación de interrumpir, de aconsejar y, sobre todo, de juzgar, ya sea para alabar o condenar, para celebrar o alertar.

Salir del juicio

Cuántas veces al día nos atormentamos juzgándonos a nosotras mismas por lo que hicimos o dejamos de hacer, de ser o de sentir. Cuántas más, atormentamos a otras personas juzgándolas también: que así no, que te has equivocado, que eres injusta, que estás muy delgada… Esta es la segunda invitación que nos deja el ejercicio de las habilidades para la vida: guardar el dedo acusador y señalador de lo que desde nuestro punto de vista no está como creemos que debería estar. Salir del juicio es dejar de intentar abrirle los ojos a las otras personas que no han visto “mi luz”, lo que nos acerca al fanatismo. En esta entrevista, le preguntan a Amos Oz cómo curarnos de esta enfermedad y él responde que bastará con llenarnos de curiosidad y de asombro, las dos raíces que sostienen la creatividad.

No sólo empatía

A simple vista estas dos invitaciones – escuchar y salir del juicio- nos permiten protagonizar la empatía, y con ella establecer relaciones interpersonales gratas y respetuosas. Si lo vemos con otros ojos, también nos abren la puerta a todas las demás habilidades para la vida. Eso tienen estas destrezas psicosociales: están conectadas, se jalonan entre sí, sin saber muchas veces cuándo pasamos de una y entramos a otra. Ser capaces de no darnos tanta importancia porque la tenemos por igual todas las personas, facilita que además sean relaciones entre iguales que no se opacan ante el pensamiento único e irrefutable.

Sin embargo, no es tan evidente la incidencia de esta dos invitaciones en la creatividad, una de las habilidades para la vida a la que no se le suele dar la importancia que merece, a la que se ve únicamente como atributo del mundo del arte.

También creatividad

Crear, creernos con capacidad para adaptarnos, para transformarnos y transformar el entorno, se nos dará mucho mejor cuando decidamos salir de la censura propia y ajena. Sobre estos temas giran los aportes que nuestra colaboradora Virginia Imaz Quijera nos ha hecho en la 8ª. Edición de Con otros ojos, curso en línea de nuestra Escuela Iberoamericana de Habilidades para la Vida.

Con ella, y desde su experiencia como educadora y artista, vamos descubriendo cómo se nos dificulta a las personas no ser creativas, que todas lo somos y que los mayores boicoteadores de esa capacidad de crear-nos es el juicio (inicial y final), el miedo al qué dirán. Un ambiente que nos saque de ese modo será un espacio tranquilo, de paz. Como lo expresa Virginia, será lo más parecido a estar en el paraíso.

Escucha aquí un extracto de lo que fue su visita del pasado 3 de junio con este grupo.

 


0 Comentarios | "La creatividad, una habilidad para la vida"

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