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Actividad educativa de Psicología en el Ejército de Colombia. Foto tomada antes de la pandemia.

En octubre de 2020 finalizamos el proyecto de formación en Habilidades para la Vida con un grupo de 30 profesionales de psicología del Ejército Colombiano. El trabajo se desarrolló entre Mayo y Octubre de 2020, en medio de la pandemia con sus desafíos, y reunió a distintos actores: El Ejército Nacional de Colombia, Positiva Compañía de Seguros S.A. en el ramo de riesgos laborales, La Escuela Iberoamericana de Habilidades para la Vida, promovida por EDEX,  y el Instituto PROINAPSA UIS.  

Todo surge de una alianza interna

El trabajo nació gracias al empuje y gestión de dos equipos al interior del Ejército. Por un lado, desde la Dirección de la Preservación de la Integridad y Seguridad del Ejército encargada de abordar el riesgo psicosocial al interior de la institución. Y de otro, un grupo de profesionales de psicología de la Dirección de Sanidad, que trabajan en el fortalecimiento de la salud mental de todos los hombres y mujeres que laboran en la Institución. Los dos equipos se juntaron, hicieron alianzas y lograron sacar adelante esta iniciativa que contempló la formación virtual en Habilidades para la Vida y el acompañamiento en el diseño de proyectos para replicar lo aprendido dentro de la institución.

Formar y proyectar

En lo que se refiere a la formación, la treintena de psicólogas del ejército realizaron durante 3 meses una edición exclusiva de El TransCurso. En la evaluación escrita y anónima del curso valoraron numéricamente lo que vivieron. En el caso de la cantidad y calidad de los contenidos, así como del acompañamiento docente, un 96% lo calificó como muy bueno. En el caso de la metodología un 92% la valoró como muy buena, siendo ésta la máxima valoración posible.

Por otra parte, durante los 4 meses que duró el acompañamiento de los proyectos se promovió que las personas formadas en habilidades conformaran grupos de trabajo, y en su seno pensaran, diseñaran e iniciaran la ejecución de proyectos de Habilidades para la Vida.  A mediados de octubre tuvimos un encuentro denominado “Canasta de proyectos”, y durante el mismo los grupos compartieron 6 proyectos, que en todos los casos ofrecían respuestas innovadoras o proponían soluciones a problemáticas identificadas al interior de la Institución. Además, entre dichos proyectos encontramos características muy interesantes:

  • La población que proponen cubrir va desde oficiales, suboficiales, soldados y civiles adolescentes usuarios del sistema de salud de las fuerzas militares.
  • Algunas propuestas son virtuales, otras en modalidad presencial y algunas son mixtas, permitiendo una mayor cobertura y complementariedad.
  • Unas ponen el acento en la divulgación de contenidos, y otras en la construcción de saber hacer aplicado a la vida militar.
  • Todos los proyectos se insertan en actividades que ya desarrolla la institución, enriqueciendo la práctica con el enfoque de Habilidades para la Vida.

Semillas y desafíos nuevos

Esta fue la primera ocasión en que nuestra Escuela iberoamericana de Habilidades para la Vida fue convocada por una organización militar, precisamente por un grupo de mujeres en una organización predominantemente de hombres; fue, así mismo, la primera vez que promovimos un curso específico para un grupo de una misma institución; y sucedió, para nuestra satisfacción, que mediara una mutua preocupación por los riesgos psicosociales en el mundo laboral.

Con gusto aceptamos el desafío, valoramos la confianza que habían depositado en nosotros y reafirmamos la convicción de que en todas las organizaciones humanas cobran sentido las Habilidades para la Vida como un saber-hacer que nos prepara para afrontar con mayor consciencia, cuidado y flexibilidad el desafío de la vida diaria; como herramientas que contribuyen a mejorar el ambiente en donde trabajamos, así como la calidad de la vida de las personas.

Para el Ejército Nacional y Positiva, el trabajo deja como resultado un equipo semilla capaz de promover salud mental en toda la institución, a partir de las Habilidades para la Vida. También, seis proyectos con capacidad de proyectar este saber a las demás personas.

También en lo privado

Para quienes tomaron el curso y construyeron los proyectos, además de lo profesional, también hubo ganancias en lo personal, como se refleja en testimonios de tres mujeres compartidos durante la sesión de despedida: “He aprendido a decir no puedo ahora, cierro este ciclo, hasta aquí; he podido quitarme equipaje de encima y hacerlo en forma propositiva”. Otra de ellas agregó: “Lo he vivido como un estilo de vida que me permite ver el mundo de otra manera, sin prejuicios, aprendiendo a validar a las personas, viendo en la diferencia una oportunidad de crecimiento”. La menor de ellas cierra diciendo: “Viví una relación que me hizo sumisa, pero en este curso aprendí a no quedarme con el malestar, a no imponerme a los demás. Pude retomar cosas que me gustaban de mí. Además, en los talleres ahora me preocupo por hacerlos vivenciales, con gracia, con más interacción”.

Como todos los años, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, convoca este 28 de abril el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo. Y lo hace en esta ocasión animando a reflexionar acerca del impacto que sobre tales realidades pueda tener el futuro imaginable, bajo el eslogan: «Un futuro del trabajo seguro y saludable». Con este motivo ha publicado el informe Seguridad y salud en el centro del futuro del trabajo, en el que repasa las principales acciones desarrolladas en esta materia en los 100 años de vida que cumple este año la institución y hace propuestas para adaptar esa tarea a los cambios que ya se dejan ver.

Son tantas, tan rápidas y de tal envergadura las transformaciones que se están dando en el mundo del trabajo que hasta resulta atrevido tratar de imaginar cómo será en un futuro próximo y cómo afectará a la salud y la seguridad en las empresas. Precariado, industria 4.0, inteligencia artificial, robotización… De seguir algunas voces, estaríamos a las puertas de una situación que hace solo una década era inimaginable: unas plantillas (?) reducidas y formadas por especialistas (llámense knowmads o como se acaben denominando), funcionariado más o menos ajustado y una gran parte de la población que sería, a efectos laborales, innecesaria, inempleable, y para la que se habilitaría una renta vitalicia que permitiera cubrir las necesidades más básicas. Otras voces, como la de Steven Pinker, plantean, sin embargo, que podríamos entrar (incluso estar ya) en el mejor de los mundos imaginables, con posibilidades inéditas en todos los campos, incluida la innovación, el emprendimiento y el bienestar.

Sea de uno u otro modo, o aun de otras formas que ahora ni siquiera podemos atisbar, de lo que sí podemos estar seguros es de que en el futuro de la empresa van a ser cada vez más necesarias las destrezas que en el mundo del management se conocen como «habilidades blandas», y que a nosotros nos gusta más denominar habilidades para la vida. Habilidades como las que venimos promoviendo desde hace años con propuestas como la que presentamos en el folleto Riesgos psicosociales en el entorno laboral, del que podemos extractar, a modo de ejemplos, las siguientes herramientas:

Hablamos de habilidades para pensar de manera innovadora y efectiva, como el pensamiento creativo y el pensamiento crítico; habilidades para desarrollar la inteligencia emocional, como la empatía o el manejo de emociones, claves insustituibles ya en el mundo laboral de hoy; habilidades para relacionarse y trabajar en equipo estableciendo sinergias enriquecedoras entre talentos y talantes. Habilidades que ayuden, en fin, a disfrutar del trabajo bien hecho, trabajando a la vez para humanizar contextos y cuestionar condiciones laborales que no tengan a las personas en su centro.

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