Educar para vivir, educar para convivir.

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LAC 1Si algo ha cambiado del cielo a la tierra es la manera en que hoy afrontamos nuestros roles de madres y padres. Antes, las abuelas eran las portadoras del saber necesario para la crianza de sus nietos; nos enseñaban a cargarles, alimentarles, asearles, curarles y educarles.  Hoy, aunque las personas mayores siguen haciendo valiosas aportaciones – también con cuota masculina –  como sociedad hemos hecho un fuerte viraje  hacia la ciencia, buscando afanosamente entre manuales, magazines,  charlas, congresos y cursos, todos aquellos secretos para maternar y paternar con “éxito”.  A una labor exigente le hemos venido sumando más peso, intentando “danzar” en estos asuntos al ritmo del ABC de la educación.  Llevamos un par de décadas buscando afuera  las ayudas, los métodos, los pilares para lograr educarles “bien”.

Buscar adentro

¿Y si además de buscar afuera dejáramos energía y espacio para buscar por dentro? Allí es posible encontrar las llaves que abren las compuertas de la intuición masculina y femenina que hay en cada ser humano; por dentro podemos encontrar a un hombre o una mujer llena de capacidades insospechadas para maternar o paternar;  sobre todo, encontrar motivos y recursos para gozar y disfrutar de esa fuente de alegría y de aprendizaje que es una niña o un niño con su espontaneidad, su deseo de juego y su constante curiosidad. Los mayas decían que nuestros hijos vienen a enseñarnos lo que no hemos logrado aprender.

Un curso para conectarse

La Aventura de la Crianza es un curso online (sí, un curso) que le ofrece  a mamás y a papás la oportunidad y el espacio para buscar dentro de sí mismos la tranquilidad, el encanto, la confianza y la curiosidad necesarias para acompañar en la vida a niñas y niños.  Es un curso que les ayudará a hacer esa conexión imprescindible consigo mismos,  con sus propios cuerpos, con sus pensamientos,  emociones y sentimientos; con toda su creatividad y con toda su capacidad crítica y empática. Una vez hecha esta conexión, el vínculo con sus hijos e hijas fluirá y se fortalecerá con más facilidad. En ese propósito, las 10 habilidades para la vida serán los hilos para tejer gradualmente esos vínculos: consigo mismos, con sus hijos e hijas y con el contexto.

4 semanas que dejan huella

Es un curso de un mes (4 semanas) en el que más que adquirir conocimientos, van a compartir una experiencia emocionante  con madres y padres que viven en contextos diferentes .  No hay un horario de clase, no hay calificaciones, ni hay instrucciones que seguir. Hay que tener toda la disposición para aprender de sí y de otras mujeres y hombres que tienen  ganas de maternar y paternar cuidando y acompañando a sus hijos sin descuidarse y abandonarse a sí mismos:

  • Me ha gustado mucho porque me ha ayudado a conocerme mejor y a darle un enfoque diferente a la crianza de mi hija. Me ha roto los esquemas en el buen sentido y me ha dado ideas nuevas”. 
  • “En este curso experimenté un cambio de la visión tradicional de padres y madres, hacia la construcción de una relación más horizontal  y equitativa, basada en la confianza y la celebración familiar”.  
  • “En este curso pude aprender que para criar a un niño tienes que conocerte y desatar muchas situaciones que cargas, que no te permiten realizarte libremente, que son tóxicas para tu vida y la de tu familia”.

Así lo vivieron algunas de las personas que participaron en la primera edición de La Aventura de la Crianza. Si quieres tomar parte en la segunda edición, puedes apuntarte aquí. Iniciaremos el 7 de mayo y terminaremos el 2 de junio. Revisa en este enlace  los objetivos,  contenidos y precio.

 

Ciberbullying Guía madres padres profesorado

Ciberbullying, Guía para madres, padres y personal docente

La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes, el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido; la capacidad de ser feliz incluso cuando tienes heridas en el alma.
Boris Cyrulnik

Es difícil no sentirse sobrecogido al escuchar relatos de chicas y chicos que han padecido, acaso durante años, experiencias de acoso por parte de sus iguales. Lo es también no sentirse indignado ante cierta tendencia a quitarle importancia al drama con frases del tipo: “¡bah, no tiene importancia! ¡Quién no lo ha hecho a su edad!” Pues mucha gente, por suerte. Y aun en el caso de haber practicado conductas de ese tipo, eso no te obliga a permanecer sordo de por vida ante el grito callado de quien las sufre. Porque de eso hablamos cuando de bullying se trata, de sufrimiento. Emocional, en primera instancia. Físico, en no pocas ocasiones.

Algunos datos para situarnos

Publicaba recientemente la ONG Save the Chidren su informe Yo a eso no juego. Bullying y ciberbullying en la infancia, realizado a partir de una encuesta a 21.487 escolares españoles de 12-16 años. El informe muestra datos más que suficientes para llamar a una reacción social y educativa más decidida ante este fenómeno. Veamos algunos:

  • El 9,3% señala haber sido objeto de acoso en los últimos dos meses.
  • El 6,9% se considera víctima de ciberbullying en el mismo periodo.
  • Uno de cada tres niños o niñas ha sido insultado por internet o el móvil.
  • Un 5,4% reconoce haber practicado el acoso.

También la Organización Mundial de la Salud publicaba hace poco su informe Growing up unequal: gender and socioeconomic differences in young people’s health and well-being, en el marco de la iniciativa HBSC – Health Behaviour in School-aged Children. Por primera vez investigaban el bullying y el ciberbullying como conductas relacionadas con la salud. En este informe, realizado con una muestra de 219.460 escolares de 11, 13 y 15 años, de 42 países, encuestada 2013, se presentan datos como estos:

  • El 13% de chicas y chicos de 11 años relata haber sido víctima de bullying en los últimos dos meses.
  • Este porcentaje desciende al 11% y el 8%, respectivamente, a los 13 y 15 años.
  • A los 11 años, el 7% reconoce haber acosado a sus iguales.
  • Este porcentaje asciende al 9% a los 13 y 15 años.
  • En el caso del ciberbullying, se declaran víctimas del mismo el 3% entre 11 y 15 años.

Una conducta que requiere intervenciones globales

Sabemos que, como en el mobbing y, en general, en cualquier forma de desprecio a otras personas, en la puesta en escena de ese drama que es el bullying “actúan” diversas figuras que adoptan diferentes roles, todos ellos necesarios:

  • quienes lo padecen en su triste condición de víctimas;
  • quienes lo protagonizan como responsables del acoso;
  • el coro cómplice que mira hacia otro lado (por desinterés, por falta de empatía, por miedo a convertirse en la próxima víctima…);
  • las personas responsables del contexto en el que el bullying se produce, sea la escuela u otro.

Por ello, una intervención eficaz para prevenir y, en su caso, atajar esta conducta desde sus primeras manifestaciones, requiere adoptar una perspectiva sistémica y actuar conjuntamente sobre el contexto y las diversas personas que en él interactúan. Para intervenir de manera inmediata, para hacer improbable que nadie escurra el bulto contribuyendo con su negligencia a consolidar el proceso. Es lo que hace, por ejemplo, el programa KiVa tan exitosamente puesto en marcha en Finlandia desde 2007, y que se extiende, afortunadamente, por cada vez más países.

Un poco antes, en 2006, vio la luz nuestra primera aportación en este campo: la herramienta Ciberbullying: Guía para madres, padres y personal docente, elaborada por la experta Parry Aftab, que ahora cumple 10 años. Una propuesta a la que han ido siguiendo otras, en colaboración con la iniciativa Pantallas Amigas.

Educación en habilidades para la vida

Básicamente se trata de actuar de un modo que permita:

  • visibilizar un asunto que, a menudo, tiende a banalizarse;
  • entender la lógica sistémica que subyace a su presencia en un contexto concreto;
  • intervenir sobre sus distintos protagonistas en una actuación integral;
  • desarrollar en unas y otras personas habilidades para la vida como:
    • la empatía (que no se limita a captar el sufrimiento ajeno, como si tuviéramos un radar, sino que mueve a actuar para brindar apoyo);
    • la asertividad (que ayuda a frenar procesos de acoso o a intervenir en apoyo de quienes los padecen);
    • el manejo de problemas y conflictos (que permite afrontarlos de un modo más efectivo y menos desgastante);
    • el manejo de emociones y sentimientos (útil para gestionar el torbellino que padecen las víctimas, sin desmoronarse);
    • el manejo de tensiones y estrés (necesario para evitar que la situación genere procesos imprevisibles de malestar emocional);
    • etc.

Nuestra aportación, educativa

No creemos en el mal, aunque a veces algunas personas nos lo ponen difícil. No creemos que en el caso del bullying estemos en presencia de psicópatas ni sociópatas que necesitan zaherir a otras personas para apuntalar su identidad. Creemos en la trascendencia de los contextos que, siquiera por inadvertencia, favorecen la proliferación de una conducta que, con el concurso de todas las partes, es posible frenar. Nuestra contribución, como en otros ámbitos, educativa, para fomentar habilidades que permitan prevenir el acoso y, en su caso, superarlo de manera positiva. Actuación educativa que es complemento necesario de otras actuaciones, incluso legales, que en cada caso puedan ser necesarias. Y es que, como señala el informe de Save the Children citado, “para evitar este tipo de conductas resulta determinante reforzar la educación emocional y la adquisición de habilidades sociales y valores de convivencia”. En eso estamos.

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